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Una mirada de lo que pasa a nuestro alrededor y mas alla en el Cielo Profundo
Científicos acortan los tiempos de supervivencia del Sistema Solar después de la muerte del Sol
Una investigación publicada en The Astrophysical Journal Letters plantea que la pérdida desigual de masa solar alteraría las órbitas de los planetas gigantes mucho antes de lo previsto.
El orden que mantiene unidos a los planetas alrededor del Sol podría tener una fecha de vencimiento mucho más cercana de lo que proponían los modelos clásicos.
Una investigación publicada en The Astrophysical Journal Letters concluyó que el Sistema Solar exterior podría desorganizarse cerca de 1.000 millones de años después de que el Sol se convierta en una enana blanca. La estimación reduce un horizonte que antes se calculaba en hasta 10¹⁸ años.
El cambio no implica una amenaza para la Tierra actual. La secuencia descrita pertenece a un futuro situado a unos 5.000 millones de años de distancia, cuando el Sol agote el combustible que sostiene su fase presente. Sin embargo, el trabajo modifica una pregunta central de la astronomía: cuánto puede durar un sistema planetario cuando su estrella empieza a morir.

Un nuevo estudio prevé que la estabilidad del Sistema Solar exterior podría durar solo mil millones de años tras la formación de una enana blanca (Imagen Ilustrativa Infobae)
Hasta ahora, los cálculos sobre la estabilidad a largo plazo partían de una pérdida gradual y uniforme de masa. La nueva investigación incorporó un proceso distinto. El Sol podría desprenderse de sus capas externas a través de eyecciones irregulares, con direcciones y magnitudes que no se compensan entre sí. Cada episodio aplicaría un pequeño impulso a la estrella y modificaría el marco gravitatorio de los planetas.
Los autores relacionaron ese mecanismo con observaciones de enanas blancas que muestran retrocesos en su movimiento. Esas mediciones sugieren que la materia expulsada durante la muerte estelar no siempre abandona la estrella de manera perfectamente simétrica. Para el futuro solar, esa diferencia obliga a revisar las simulaciones que trataban la pérdida de masa como un fenómeno liso y constante.
La consecuencia central se concentra en los planetas exteriores. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno sobrevivirían a la transformación del Sol en un remanente estelar, pero sus órbitas aumentarían de tamaño a medida que disminuya la masa del astro. A mayor distancia, sus trayectorias quedarían más expuestas a las perturbaciones mutuas y a la influencia de estrellas que crucen las cercanías del Sistema Solar.
El estudio no predice un único desenlace para cada mundo. Sus resultados proceden de numerosas simulaciones, porque las eyecciones asimétricas introducen un componente aleatorio. Algunas configuraciones conservan el orden durante más tiempo. Otras sufren cambios bruscos que favorecen encuentros gravitatorios entre planetas, expulsiones hacia el espacio interestelar o desplazamientos hacia el remanente solar.
La expulsión desigual de materia puede alterar las órbitas antes de que nazca la enana blanca.

El Sol perdería cerca del 46 por ciento de su masa al final de su evolución, un cambio que ampliaría las órbitas de los planetas exteriores
(Imagen Ilustrativa Infobae)
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La pérdida irregular de materia solar puede modificar las trayectorias planetarias, incluso antes de que nazca la enana blanca según el estudio (Imagen Ilustrativa Infobae)
El concepto de cruce de órbitas no describe de forma obligatoria una colisión. Señala que los recorridos de dos cuerpos dejan de estar separados con seguridad. En ese escenario, un acercamiento gravitatorio puede cambiar la velocidad y la dirección de un planeta. Una interacción de ese tipo basta para desencadenar una secuencia de modificaciones en las trayectorias vecinas.
Cerca del 40 % de los ensayos numéricos mostró disrupción o dispersión violenta antes de la formación de la enana blanca. El dato sitúa el inicio posible de la inestabilidad durante la etapa de gigante roja. El proceso, por lo tanto, no quedaría limitado al momento posterior a la desaparición de las capas externas solares.
Los resultados señalan además que aproximadamente el 90 % de las configuraciones simuladas pierde su arquitectura original en 3.000 millones de años. La palabra autodestrucción, usada por los autores, no alude a una explosión. Se refiere a la desaparición del arreglo orbital estable que hoy permite distinguir con claridad las trayectorias de los grandes planetas.
Los planetas gigantes afrontarían perturbaciones internas y encuentros con estrellas cercanas
La gravedad entre los planetas siempre modifica sus órbitas, aunque en la actualidad lo hace dentro de márgenes compatibles con la estabilidad general. Para los planetas interiores, los cálculos ya señalaban un riesgo acotado. Mercurio tiene cerca de un 1 % de probabilidad de desestabilizarse antes de que el Sol abandone su fase actual.
El Sistema Solar exterior parecía mucho más resistente: los modelos le asignaban una vida dinámica de hasta un quintillón de años y estimaban que la arquitectura de los gigantes persistiría unos 100.000 millones de años, incluso con sobrevuelos estelares.
El nuevo trabajo reduce ese plazo hasta un giga año, equivalente a 1000 millones de años, tras la formación de la enana blanca. La reducción no surge de una interacción aislada. Proviene de la suma entre una masa solar menor, el desvío aleatorio causado por las eyecciones y las fuerzas que ejercen entre sí los planetas supervivientes.
Los encuentros con otras estrellas añaden otra fuente de cambios. Durante lapsos de miles de millones de años, el Sol recorre la galaxia y pasa por regiones con otras estrellas. Un sobrevuelo distante apenas afecta las órbitas actuales, pero sus consecuencias pueden crecer cuando los planetas se encuentren más lejos del centro del sistema y menos sujetos a su gravedad.
La investigación retoma una cuestión que interesó a Isaac Newton desde los comienzos de la mecánica celeste. El científico británico se preguntó si las atracciones recíprocas de los planetas podían alterar el orden del Sistema Solar a lo largo del tiempo. Las simulaciones modernas permiten examinar ese problema con millones de cálculos y añaden ahora la evolución física de la estrella como un factor decisivo.
El destino de la Tierra seguirá un calendario distinto. Mucho antes de que la inestabilidad alcance a los planetas exteriores, el incremento de la luminosidad solar alterará de forma profunda las condiciones del planeta. La habitabilidad desaparecerá antes de la fase de gigante roja, cuando el calor creciente afecte la atmósfera y los océanos. La expansión posterior del Sol pondrá bajo presión extrema a los mundos interiores

Una infografía de Infobae detalla las etapas de desestabilización orbital del Sistema Solar exterior tras la transformación del Sol en enana blanca. (Imagen Ilustrativa Infobae)
El Sol atravesará varias etapas antes de terminar como enana blanca. Primero se expandirá como gigante roja, una fase en la que sus capas exteriores crecerán de forma extrema. Después expulsará una fracción importante de su masa y dejará un núcleo compacto. Según los parámetros que utilizó la investigación, conservará cerca del 54 % de su masa actual.
Esa disminución cambiará la fuerza que ordena al Sistema Solar. Los cuerpos que permanezcan ligados al Sol se moverán hacia órbitas más amplias. Este efecto ya formaba parte de las previsiones astronómicas, pero el nuevo modelo añade variaciones pequeñas y sucesivas causadas por los fragmentos de materia que salgan de la estrella. Con el paso del tiempo, esas variaciones pueden acumularse.
Los autores cuestionaron el supuesto central de los modelos anteriores. “Aquí demostramos que estas estimaciones se basan en la suposición de que la pérdida de masa solar es uniforme”, afirmaron. Según su planteo, el retroceso medido en enanas blancas obliga a considerar eyecciones discretas que alteran de forma impulsiva el movimiento de la estrella. Esas variaciones aleatorias modificarían las órbitas mientras el Sol pierde su envoltura.

Una representación ilustrativa del Sistema Solar, mostrando el Sol, los planetas Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, junto con el cinturón de asteroides y sus órbitas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta ilustración artística muestra una enana roja brillante con múltiples planetas rocosos y un disco de escombros orbitándola, representando la absorción de mundos por estrellas jóvenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las simulaciones, indican que cuatro de cada diez escenarios sufren dispersión orbital antes del surgimiento de la enana blanca solar (Imagen Ilustrativa Infobae)
La posible absorción de la Tierra por la gigante roja depende de variables como la evolución de la órbita terrestre y la cantidad de masa que pierda el Sol. Esa discusión no cambia la escala temporal del hallazgo sobre el sistema exterior. Los efectos descritos pertenecen a un futuro remoto, pero su análisis sirve para comprender cómo terminan los sistemas planetarios cuando sus estrellas cambian de forma y de masa.
La hipótesis también puede extenderse a otros sistemas. Muchas estrellas terminan como enanas blancas y dejan planetas o restos planetarios a su alrededor. Si sus pérdidas de masa presentan irregularidades similares, esos cuerpos podrían atravesar procesos de desorden orbital.
Las observaciones futuras de enanas blancas y de sistemas supervivientes permitirán poner a prueba la nueva estimación para el destino del Sistema Solar.
Fuente
The Astrophysical Journal Letters/INFOBAE/ Víctor Ingrassia
Consejos de la NASA para la observación del cielo en octubre de 2026
A finales del mes pasado, el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman se unió al JWST como socio de campo amplio para estudios en el infrarrojo cercano.
Roman cubre longitudes de onda de hasta 2 micras en una amplia franja del cielo, mientras que el JWST es sensible hasta las 28,5 micras, pero en campos de visión más pequeños. Sin embargo, no existe ningún telescopio que cubra el rango de longitudes de onda entre el infrarrojo que observamos desde el espacio y las ondas de radio que observamos desde la Tierra con telescopios sensibles como el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). El anuncio de la NASA sobre la selección de PRIMA indica que la misión está lista para su desarrollo y así completar nuestra cobertura de longitudes de onda en el infrarrojo lejano.
PRIMA es la primera de una nueva serie de misiones de la NASA de la clase Explorer, denominadas Sondas Exploradoras . PRIMA fue seleccionada por encima del Satélite Avanzado de Imágenes de Rayos X (AXIS), que finalmente fue descalificado debido al caos presupuestario federal .
PRIMA pasará ahora a la Fase B de desarrollo, que incluye el diseño, el desarrollo y la confirmación. Posteriormente, se iniciará la Fase C, que comprenderá la preparación y la entrega de instrumentos por parte de socios como las agencias espaciales francesa, coreana, alemana, canadiense y británica, prevista para 2029.
PRIMA podría lanzarse en 2033 para una misión nominal de cinco años.


El telescopio
PRIMA contará con un espejo de 1,8 metros (5,9 pies) de apertura y detectará longitudes de onda del infrarrojo lejano. El objetivo es cubrir la brecha en el infrarrojo lejano, y la mayor apertura y sensibilidad de PRIMA representarán un avance significativo con respecto a misiones anteriores en esta región, como el telescopio espacial Spitzer de la NASA y el telescopio Herschel de la ESA.
PRIMA transportará dos instrumentos principales: el espectrómetro de sondeo mejorado de infrarrojo lejano (FIRESS) y el generador de imágenes PRIMA (PRIMAger).
Con un amplio campo de visión, PRIMA puede realizar estudios en el infrarrojo lejano para analizar el polvo interestelar e intergaláctico y así comprender mejor procesos como el crecimiento de los agujeros negros y la formación de estrellas. Este rango de longitud de onda también es clave para estudiar las "líneas de nieve" en los sistemas exoplanetarios, donde las moléculas se congelan en lugar de permanecer en estado gaseoso.
PRIMA también podría ayudarnos a comprender cómo los elementos más pesados se dispersaron con el tiempo en el universo que observamos hoy. Más cerca de nosotros, PRIMA podría examinar objetos distantes del Cinturón de Kuiper en el sistema solar exterior, detectando cuerpos con diámetros de entre 35 y 80 kilómetros.
PRIMA será una herramienta fundamental en el arsenal astronómico de la NASA, complementaria a misiones como el Telescopio Espacial Roman. Sus tres principales líneas de investigación científica son la evolución de los ecosistemas galácticos, el origen de las atmósferas planetarias y la acumulación de polvo y metales cósmicos.
Fuente Sky and Telescope - NASA
La NASA ha seleccionado una nueva sonda espacial para su desarrollo: el telescopio PRIMA explorará el universo infrarrojo lejano.
La imagen más nítida del sol jamás capturada!
Space - Por Chelsea Godd - Publicado 10 de agosto de 2026
Los científicos han capturado la imagen más nítida jamás obtenida de la superficie de nuestro sol. Esta visión ha revelado nuevos e increíbles detalles sobre los mecanismos internos que impulsan la actividad estelar.
La imagen fue obtenida por el telescopio solar Inouye de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
Al analizar las observaciones de este telescopio, el equipo, compuesto por investigadores del Observatorio Solar Nacional, el Observatorio de Gran Altitud NSF NCR y el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar de Alemania, descubrió extraños patrones en la superficie del Sol. Estos patrones en espiral, según hallaron, son en realidad evidencia de lo que se conoce como inestabilidad de Kelvin-Helmholtz (IKH), o inestabilidad que se produce cuando hay un cambio en la velocidad de los fluidos.
¿Por qué es increíble?
Esta imagen es revolucionaria. Capturar la vista de mayor resolución de la superficie del sol es un logro enorme, incluso se puede observar la dinámica de fluidos en movimiento en la superficie del sol.
Estas observaciones han revelado remolinos en la superficie del Sol, en los bordes de las zonas magnéticas, lo que ha permitido al equipo identificar la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz (KHI) en la superficie solar. Esta inestabilidad fluida se sospechaba desde hace tiempo en el Sol, pero estas observaciones son la primera vez que se observa directamente de esta manera.

Esta imagen del sol, la más nítida jamás tomada, fue capturada por el telescopio solar Inouye de la NSF.(Créditos de imagen: NSF , NSO , AURA , MPS , Inouye Tel )
Contemple Saturno en oposición, observe la lluvia de meteoros Oriónidas y vea la Luna pasar cerca de las Pléyades, también conocidas como las Siete Hermanas.
Lo más destacado de la observación del cielo
- 4 de octubre: Saturno alcanza la oposición, lo que hace que el planeta anillado sea visible durante gran parte de la noche ofreciendo a los astrónomos una de las mejores oportunidades del año para observar el planeta anillado. La oposición se produce cuando la Tierra se interpone entre el Sol y Saturno. Esto sitúa a Saturno en el lado opuesto al Sol en nuestro cielo, por lo que sale al atardecer y permanece visible durante gran parte de la noche.
- 6 de octubre: Una delgada luna creciente aparece cerca del brillante Júpiter antes del amanecer.
- 21 y 22 de octubre: La lluvia de meteoros Oriónidas alcanza su punto máximo; la luz de la luna puede interferir, así que observe antes del amanecer, después de la puesta de la luna.
- 27 y 28 de octubre: La Luna pasa cerca del cúmulo estelar de las Pléyades, también conocido como las Siete Hermanas.
Rovers y Satelites